La Habana, 21 mar (AIN) Evocar el ideal emancipador y americanista de Benito Juárez y recordarlo presente fue la inspiración que motivó este miércoles, en esta capital, el homenaje a quien fuera llamado el Benemérito de las Américas, en el aniversario 206 de su natalicio.
Con la presencia de Gabriel Jiménez, embajador de México en Cuba, en el céntrico Parque de G y ante el busto de Juárez que allí se alza, se le rindió honores a ese genuino azteca, tenaz independentista y sabio pensador.
El diplomático resaltó los fraternales vínculos que históricamente unen a ambas naciones latinoamericanas, en especial los existentes entre el Benemérito y la Isla, en tiempos de luchas patriotas en la región.
Una ofrenda floral colocada ante su monumento, en esta ciudad, fue gesto virtuoso con el que se le dedicó tributo a aquel que supo conducir a su país a una etapa nueva de la historia, a pesar de dificultades y sinsabores.
Funcionarios cubanos y de la embajada de ese país centroamericano, otros representantes del cuerpo diplomático acreditado en La Habana, y amigos, se reunieron este día para reafirmar la vigencia de las ideas y la causa libertaria de Juárez.
Estuvieron presentes, además, Miguel Hernández, director de la Casa Benito Juárez, Sergio González, de la Oficina del Historiador de La Habana, y José Prieto, director del departamento de América Latina del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos.
Juárez nació el 21 de marzo de 1806, en el estado de Oaxaca, y fue bautizado, un día después, como Benito Pablo Juárez García.
De origen muy humilde, se destacó como abogado y político, y fue mandatario de su país durante varios años.
A él debemos, hoy, la universal y sabia frase: "Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Un fragmento de su carta al emperador Maximiliano, en marzo de 1864, revela, aún más, la actualidad de su pensamiento, en estos tiempos de crisis y guerras.
“Es dado al hombre, señor, atacar los derechos ajenos, apoderarse de sus bienes, atentar contra la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer de sus virtudes un crimen y de los vicios una virtud; pero hay una cosa que está fuera del alcance de la perversidad, y es el fallo tremendo de la historia. Ella nos juzgará”, escribió.


